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Cultura y matemáticas

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Cultura y matemáticas/Matemáticas y ciencia ficción
Autor:Miquel Barceló
pDebo reconocer que, en un primer momento, me sentí sumamente atraído por la idea de dedicar un apartado de este Centro Virtual de Divulgación Matemática a las Matemáticas en la Ciencia Ficción. Y, lógicamente, me sentí muy honrado de que se hubiera pensado en mí para convertirlo en realidad.p Pero, como se verá en esta primera entrega, la cosa resulta algo más difícil de lo que parece. Y lo cierto es que empezar ha costado bastante más de lo previsto (y, me temo, puede haber agotado la mucha paciencia de Raúl Ibáñez, el voluntarioso miembro de la Comisión adhoc que se encargó de proponérmelo quien, en realidad, no se merecía este retraso inicial que sólo a mí debe achacárseme). Siguiendo una denominación habitual, el nombre del intento podía ser este de "Matemática Ficción" que hemos empezado a usar y, cuando se dispone del nombre, podría parecer que todo está ya encarrilado. No ha sido así en este caso. La matemática es básicamente un saber que trata de lo abstracto y, la mayoría de la ciencia ficción acaba tratando sobre cosas muy concretas. Para justificar esta última afirmación, intentemos acercarnos a una definición de ciencia ficción, aún sabiendo de la imposibilidad del empeño. Nietzsche decía que no se puede definir aquello que tiene historia ya que, a lo largo de su historia, ha ido cambiando de contenidos y ninguna definición hace honor a todos esos contenidos. Algo de eso ocurre con la ciencia ficción, una narrativa bastante especializada cuyo inicio propiamente dicho suele fijarse en la novela FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO (1818) de Mary Shelley, por aquello de preguntarse por primera vez por el efecto social de un nuevo descubrimiento científico, en ese caso el de volver a dar vida a la unión quirúrgica de cuerpos muertos. Casi doscientos años de vida han ido cambiando la ciencia ficción y haciendo imposible una definición completa. Todas son parciales pero, a efectos de lo que aquí importa, parece útil referirnos a una definición que diera hace ya unas décadas Isaac Asimov, conocido autor del género y, también, brillante divulgador científico. Asimov decía que la ciencia ficción es "esa rama de la literatura que trata de la respuesta humana a los cambios en el nivel de la ciencia y de la tecnología". Ésa es la definición que, personalmente, suelo usar en lugares como la Universidad Politécnica de Cataluña (donde trabajo...) y que me parece la más adecuada para ámbitos en los que la ciencia y la tecnología son presencias cotidianas. El problema es que, llegados a este punto, deberíamos preguntarnos si realmente los cambios en el nivel de la matemática generan una respuesta humana que pueda considerarse motivada precisa y exclusivamente por esos cambios. No siempre es así, al menos en el caso de los aspectos más formales de la matemática (los que, según tengo entendido, más interesan a los matemáticos de pro...). Tal vez por ello habrá que centrarse más en lo que suele llamarse "matemática aplicada" . Sea como sea, lo cierto es que, tras rastrear mi compleja y desordenada "base de datos" (manual, todo hay que decirlo. Ya se sabe: "en casa del herrero, cuchara de palo"...), no encuentro muchos ejemplos en los que la matemática sea, por sí misma, el eje de una narración de ciencia ficción. Haberlas, haylas, como las meigas, pero no resultan tan abundantes como podría parecer. Por ello, a lo largo de esta sección, y con la ayuda del tiempo, iremos desgranando algunos casos evidentes en los que la ciencia ficción ha especulado precisamente en torno a la matemática, pero también en torno a otros casos de lo que podríamos llamar "matemática aplicada", lo que permite introducirnos en otros ámbitos que incluyen la informática, la física u otras de las muchas manifestaciones tecnocientíficas que necesitan imperiosamente de la matemática para avanzar. Ha de quedar claro que, no siendo matemático, mi acercamiento personal a esa ciencia o saber ha sido siempre desde la vertiente aplicada. Soy ingeniero aeronáutico, nuclear y aerospacial, tengo un doctorado en informática y he estudiado el primer ciclo de ciencias económicas y un postgrado en psicología aplicada y psicotécnia. En todos esos estudios, la matemática formaba parte de los conocimientos básicos e imprescindibles al igual que ocurre en la informática en la que trabajo desde hace ya más de una treintena de años y que ocupa, desde hace más de veinticinco años, mi actividad académica. Pero, repito, mi acercamiento a la matemática ha sido siempre desde la óptica de la aplicación concreta (a las ingenierías, a la economía, a la estadística psicológica y social, etc.) y no tanto referida a los aspectos formales ya que, aún siendo informático, no son precisamente los aspectos formales de la informática los que más han ocupado mi quehacer profesional en los últimos años. Pero sí me interesan los puzzles, pasatiempos y problemas matemáticos, sí me sorprenden y admiran ideas esencialmente formales como el teorema de Godel o la máquina universal de Turing y tantos y tantos otros constructos de la imaginación matemática. E incluso cuando juego a bridge, puedo reconocer el defecto de tener demasiado en cuenta las probabilidades que, evidentemente, en el mundo real son sólo eso, probabilidades que no siempre se dan porqué, por desgracia, siempre está uno ante una mano que es la excepción que confirma la regla... Aclarado el enfoque, lo adecuado es empezar. Para leer o mirar: FRANKENSTEIN, como clásico que es, tiene muchas versiones y ediciones y, desde 1995, una brillante película de Kenneth Branagh (que recupera las intenciones de Mary Shelley, muy distintas a las popularizadas por la serie de películas que iniciara James Whale en 1931). - FRANKENSTEIN. Mary W. Shelley. Barcelona, Ediciones B - Colección "Ochocientos". 1991 (año de la publicación original: 1818).
Lunes, 01 de Diciembre de 2003 | Imprimir | PDF |  Correo electrónico
Cultura y matemáticas/Matemáticas y ciencia ficción
Autor:Miquel Barceló
Pese a lo que se decía en la primera de estas entregas, conviene reconocer que, muy posiblemente, el héroe más famoso y conocido de la ciencia ficción es un matemático. Se llama Hari Seldon y, con la creación de la nueva ciencia de la "psicohistoria", construye (en un futuro bastante lejano...) la única ciencia prospectiva medianamente exacta y fiable, capaz incluso de poder influir en el futuro. Todo ello surge en la serie de novelas cortas de ciencia ficción sobre la FUNDACIÓN, escritas por Isaac Asimov entre 1942 y 1949 y recopiladas en forma de libro a partir de 1951, y que hoy constituyen un verdadero clásico del género. La idea central de la psicohistoria, imaginada por Asimov durante los años cuarenta, supone que "las leyes de la historia son tan absolutas como las leyes de la física y, si las posibilidades de error son mayores, es sólo porque la historia no trata de tantos seres humanos como átomos trata la física y las variaciones individuales cuentan más (FUNDACIÓN E IMPERIO, capítulo 11)". Todo consiste, según explicó el mismo Asimov, en imaginar que se aplica a la sociedad el mismo tipo de leyes de la mecánica estadística con las que, por ejemplo, se ha conseguido conocer el comportamiento de los gases. Es cierto que no se puede predecir el comportamiento de una molécula individual de un gas en determinadas condiciones de presión y temperatura, pero sí se puede predecir el comportamiento del gas como un conjunto estadístico. Asimov, simplemente, intentó aplicar a la sociedad humana el mismo tipo de razonamiento y, gracias a las ventajas de la ficción, lo convirtió en una ciencia predictiva sólida y eficaz: la psicohistoria. En la primera trilogía de la Fundación (FUNDACIÓN, FUNDACIÓN E IMPERIO y SEGUNDA FUNDACIÓN), el matemático Hari Seldon, con la ayuda de la psicohistoria, ha pronosticado la caída en la barbarie del gigantesco imperio galáctico. Para eliminar el presunto interregno de barbarie estimado en 30.000 años y reducirlo a sólo 1.000, Seldon construye una Fundación de científicos e ingenieros que han de preservar el saber durante ese millar de años de barbarie y acelerar así el retorno de la organización social civilizada en la galaxia. Incluso en el marco de esa dinámica social altamente reduccionista de la ciencia psicohistórica de Asimov, Seldon ha previsto que él mismo realizará en el futuro diversas "apariciones" (de esas que hoy llamaríamos "virtuales") para ayudar a los hombres y mujeres de esa Fundación a superar las diversas crisis que la historia del futuro les ha de plantear, y que Seldon conoce gracias a los poderes predictivos de la psicohistoria. Es curioso constatar como el intento de diseño y construcción del futuro de las novelas de la Fundación asimoviana, supone que la psicohistoria deba ser ignorada por los miembros de la primera Fundación tecnocientífica alojada en el planeta Terminus, en un extremo de la galaxia. Seldon conoce las limitaciones de su ciencia predictiva o, tal vez, de la peculiar idiosincrasia de los humanos tendientes a la rebelión. En el capítulo 25 de FUNDACIÓN E IMPERIO, la segunda novela de la trilogía, se nos dice: "¿Cuáles fueron los supuestos originales de Seldon? Primero, que no habría ningún cambio fundamental en la sociedad humana durante los próximos mil años. Por ejemplo, suponed que hubiera un cambio importante en la tecnología de la Galaxia, como el hallazgo de un nuevo principio para la utilización de la energía o el perfeccionamiento del estudio de la neurobiología electrónica. Los cambios sociales harían anticuadas las ecuaciones de Seldon. [...] ¡Pero había un segundo supuesto más sutil! Seldon supuso que la reacción humana a los estímulos permanecería constante". Más prudente que muchos futuristas de hoy, Seldon predice incluso la aparición de un factor inesperado que dé al traste con las hipótesis centrales en que se basa la psicohistoria. Por ello se cubre las espaldas con una "Segunda" Fundación conocedora de la psicohistoria y que debe actuar en la sombra. Cuando el fenómeno inesperado se presenta (un mutante con poderes telepáticos y mentales absolutos que se convierte en una especie de Napoleón galáctico), esa Segunda Fundación, gracias al conocimiento de la psicohistoria y gracias al hecho de disponer también de poderes mentales excepcionales, puede solventar la situación y restablecer el Plan Seldon. Con este esquema de una ciencia matemática de la historia, se superaban y culminaban algunos aspectos del determinismo de Laplace (1749-1827) quien imaginaba que una inteligencia muy poderosa, conocedora del estado total del universo en un momento determinado, podría, con las leyes de la física, predecir con completa exactitud y con el grado de precisión deseado el estado del universo en cualquier otro momento de su historia. Con la psicohistoria parece que esa inteligencia ya no ha de ser sobrehumanamente prodigiosa: con la de Seldon basta. Pero las cosas, hoy lo sabemos, no son tan sencillas. Desde los años cuarenta hasta hoy la ciencia ha avanzado e incorporado nuevos conceptos. La visión simplista de Laplace (y, con ella, la viabilidad del esquema de acción conocido como "Plan Seldon" en la ficción asimoviana asociada a las Fundaciones) ha sido puesta en duda por la nueva ciencia del caos y la complejidad. El problema es que la visión terriblemente mecanicista (aunque se trate de mecánica estadística) de Asimov en su serie de las Fundaciones pertenece ya a otra época. Elaborada entre 1942 y 1949, la hipótesis de la psicohistoria y las Fundaciones no pudo disponer del conocimiento que hoy tenemos del caos y la complejidad. Por ello ha sido necesario que, tras la muerte de Asimov en 1992, nuevos autores de ciencia ficción, retomaran esa serie clásica para profundizar en ella a la luz de los conocimientos actuales. Aunque de ello hablaremos en la próxima entrega. De momento, no olviden esa Primera Trilogía de la Fundación (única serie de ciencia ficción que ha obtenido el mayor premio que se da en el género: el Premio Hugo) protagonizada precisamente por un matemático. Tras esos primeros libros de los años cuarenta y cincuenta, Asimov acabó volviendo, a petición de infinidad de lectores, al universo de la Fundación en LOS LÍMITES DE LA FUNDACIÓN (1972) y en FUNDACIÓN Y TIERRA (1986). En los últimos años de su vida, se dedicó también a analizar casi de forma exclusiva la personalidad del matemático Hari Seldon y la forma en que éste llegaba a poner a punto su ciencia predictiva. Lo hizo en diversas novelas cortas que se recogieron finalmente en PRELUDIO A LA FUNDACIÓN (1990) y HACIA LA FUNDACIÓN (1993 - póstumo). El conjunto viene a ser uno de los mayores reconocimientos de la matemática en la ciencia ficción además de ser uno de los títulos clásicos más emblemáticos del género, una serie y un personaje (el matemático Seldon y, si ustedes quieren, su futura némesis: el mutante El Mulo) del todo inolvidables. Y, para terminar, déjenme contarles una anécdota personal: cuando en mi adolescencia y temprana juventud leí la primera trilogía, me sorprendió la manera cómo los protagonistas, creo que en SEGUNDA FUNDACIÓN, deciden cómo escaparse en un espaciopuerto. Más tarde, releyendo esas novelas (sí, son de ésas que vale la pena releer...), ya un poco más mayor, me di cuenta que había en el razonamiento de perseguidos y perseguidores mucho de lo que hoy llamamos teoría de juegos. ¿Qué otra cosa era de esperar en unas novelas protagonizadas por un matemático?   Para leer: La serie clásica de la Fundación asimoviana se encuentra hoy publicada en edición de bolsillo por "Los JET" de Plaza y Janés. Sus títulos (con el año de su primera publicación en inglés)son: La Primera Trilogía de la Fundación - FUNDACIÓN (1951) - FUNDACIÓN E IMPERIO (1952) - SEGUNDA FUNDACIÓN (1953) Otros títulos de Asimov - LOS LÍMITES DE LA FUNDACIÓN (1972) - FUNDACIÓN Y TIERRA (1986) - PRELUDIO A LA FUNDACIÓN (1990) - HACIA LA FUNDACIÓN (1993 - póstumo)
Domingo, 01 de Febrero de 2004 | Imprimir | PDF |  Correo electrónico
Cultura y matemáticas/Literatura y matemáticas
Autor:Virgilio Almeida Fernandes
Se ha dicho que el poder de la literatura reside en su voluntad de dar voz a lo que ha quedado sin expresar en el inconsciente social o individual. Como la informática se desarrolla más allá de sus barreras, causando y sufriendo influencias de otras disciplinas, son necesarios nuevos modelos y abstracciones para ampliar las fronteras de la investigación informática. La literatura puede trabajar indirectamente, como un resorte para impulsar nuevas visiones o proporcionar modelos para los problemas de la informática. Cuentos de Jorge Luis Borges [2] proporcionan numerosos ejemplos que han inspirado a muchos matemáticos y a científicos informáticos [4]. Una serie de cuentos de Borges, incluyendo "La Biblioteca de Babel", "Funes el memorioso" y "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" aportan ricas metáforas a los diferentes fenómenos en la Web, tales como bibliotecas sin límites, la memoria infinita y los mundos virtuales. En el actual panorama socio-tecnológico, la literatura puede usarse para arrojar algo de luz sobre la relación entre los seres humanos y la tecnología. Signos del mundo imaginario creado por el escritor argentino Bioy Casares [1] en su obra ''La invención de Morel'', abundan en la era de Internet. Publicado originalmente en 1940, el libro de Casares, amigo y colaborador de Jorge Luis Borges, presenta una historia de amor entre el narrador, un fugitivo encallado en una isla desierta, y Faustine, una mujer hermosa con rasgos gitanos. El fugitivo observa a un número de personas que hablan y actúan como en la vida diaria, pero que al final resultan ser la consecuencia de algún tipo de proyección por un óptico, un aparato electro-mecánico, inventado por un científico llamado Morel. Las proyecciones tridimensionales contienen muchas modalidades sensoriales. ''No deben olvidar que se trata de imágenes extraídas de los espejos, con los sonidos, las sensaciones táctiles, los sabores, los olores, la temperatura, perfectamente sincronizados'', señaló Morel refiriéndose a su invención. Más que la simple comprensión de las nuevas tecnologías, la forma de entender las características de la era de Internet se realiza a través de la observación de la naturaleza humana, de sentir el impacto de la consideración silenciosa de conceptos clave para los seres humanos, tales como tiempo, espacio y memoria. Vivimos en una época en la que los signos de  la novela  de  Bioy-Casares  son cada vez más reales. Copias indiscriminadas de todo, libros, programas, diarios personales, canciones, vídeos y películas rebosan en la Web  y son  accesibles a cualquier persona, de norte a sur, de oeste a este. Las religiones, movimientos políticos y organizaciones populares difunden sus ideas en todo el mundo en un abrir y cerrar de ojos. En cuestión de segundos, vídeos e imágenes de las guerras, conflictos sociales, la trivialidad cotidiana, romances tórridos, vanidades y crímenes se difunden en la Web, mostrando las virtudes y los vicios de la humanidad globalizada.  Millones de personas acceden a miles de millones de videos por día en YouTube y suben cientos de miles diariamente, compitiendo con los televisores tradicionales. Algunos blogs son rivales, en número de lectores, de los periódicos más influyentes del mundo. Los mundos virtuales están creando ambientes artificiales que imitan visualmente complejos espacios físicos, en los cuales las personas pueden interactuar entre sí y con los objetos virtuales. El juego de World of Warcraft lo juegan más de 11,5 millones de suscriptores en todo el mundo y los residentes de Second Life suman más de 18 millones. El impacto de la tecnología del mundo virtual se está empezando a sentir en la sociedad. A pesar de todos estos signos, este nuevo mundo todavía se parece a un distante escenario futurista. Esto quizás es debido a una percepción lenta por parte de la sociedad sobre cómo los avances tecnológicos están reestructurando la realidad.  Una realidad compleja, cuyos signos desafían nuestra capacidad de descifrar y demandan nuevas visiones del mundo. Las obras literarias y sus recursos narrativos crean un espacio rico que permite especular ideas necesarias para la comprensión de las nuevas realidades. La fascinación por la realidad virtual y los juegos electrónicos se muestra en la película “Matrix”, donde los robots gobiernan el planeta y mantienen a los humanos enchufados a un mundo virtual. La obra de Bioy Casares es anterior a la historia  de los hermanos Wachovski  por medio siglo. Las historias de amor reflejan profundos valores humanos y, podrían verse como un rico contexto para explorar las complejidades de una época en la que la tecnología sustituye gradualmente las tareas que fueron exclusivas del hombre y la naturaleza. “La invención de Morel” describe el romance de dos amantes que coexisten espacialmente en dos dimensiones temporales distintas. El tema de la novela de Bioy se vuelve cada vez más relevante en una sociedad vinculada a las imágenes y vídeos, que se están convirtiendo en una forma dominante de contenido en la Web. La búsqueda del amor eterno teje una historia inesperada, entrelazada con ingredientes esencialmente pertenecientes a los seres humanos, como los celos, la inseguridad, el miedo, la esperanza y la soledad, en un mundo virtual como escenario. Una historia contada con exquisita ironía, marcada con cuestiones metafísicas sobre la vida, la muerte y la eternidad. Una historia que empuja al lector a especular sobre los límites entre fantasía y realidad. La trama diseñada por Bioy Casares se basa en un mundo virtual, en el que todos los personajes, excepto el narrador, son imágenes, copias de los seres humanos y objetos de la naturaleza. “Estas paredes —como Faustine, Morel, los peces del acuario, uno de los soles y una de las lunas, el tratado de Belidor—, son proyecciones de las máquinas.” La búsqueda de la inmortalidad y el amor eterno llevó a Morel a crear una realidad virtual, con las ideas que hoy flotan como posibilidades reales, respaldado por los avances científicos y tecnológicos. “Una persona, o un animal, o una cosa, es, ante mis aparatos, como la estación que emite el concierto que ustedes oyen en la radio. Si abren el receptor de ondas olfativas, sentirán el perfume de los jazmines que hay en el pecho de Madeleine, sin verla.” Y el proyecto de Morel ha evolucionado a lo largo de esta línea.  “Pero si abren todo el juego de receptores, aparece Madeleine, completa, reproducida, idéntica;…que un observador  no debe olvidar que se trata de imágenes”. Con la evolución de la tecnología, la informática y las tecnologías de redes serán capaces de suministrar suficiente potencia de cálculo para crear mundos virtuales suficientemente realistas, como para ser confundidos con la realidad,  como la realidad simulada en Matrix. En la historia, el narrador se confunde con las copias y comenta lo siguiente:   “Ignoro cuáles son las moscas verdaderas y las artificiales''.  Con el fin de apoyar la creciente integración de los sistemas físicos y la informática, se requieren nuevas visiones para comprender los nuevos entornos.   Los sistemas  Cyber-físicos están obligados a crear sistemas generalizados que cambiarán profundamente la forma en que los seres humanos interactúan con las cosas, como los robots que interactúan verdaderamente con la gente. Para mantener a los amantes juntos, Morel traza su plan: ''Vamos a vivir en esta fotografía para siempre. Imagine un escenario en el que nuestra vida durante estos siete días pasa a la acción, efectuada con todo detalle. Nosotros somos los actores. Todas nuestras acciones se han registrado''. Un proyecto científico publicado en la literatura [3] propuso lo que se llamó ''Inmortalidad Digital''. El punto central es la posibilidad real de almacenar toda la información que una persona ha visto, leído, oído o hablado durante su vida. Esto allanaría el camino hacia una inmortalidad parcial, cuando una persona se vería reducida a una masa de información y estaría inmortalizada a través del almacenamiento de información digital. Así, la ''cara'' de información de una persona es eterna e incluso se puede copiar de forma indefinida. En la novela, el narrador, el único ser humano vivo en la isla, se da cuenta de que la interacción con Faustine se produjo en un mundo virtual y observó: “Estar en una isla habitada por fantasmas artificiales era la más insoportable de las pesadillas; estar enamorado de una de esas imágenes era peor que estar enamorado de un fantasma (tal vez siempre hemos querido que la persona amada tenga una existencia de fantasma)”. En su parcela, Bioy Casares toca el lado todavía oscuro de la relación del hombre con las máquinas y las imágenes. En la era de Internet, se pueden seguir fácilmente los movimientos de cualquiera, con vastas implicaciones para la privacidad y la libertad personal. Nuestras acciones diarias y las interacciones con la tecnología pueden ser registradas a bajo costo, almacenadas y analizadas, sin nuestro conocimiento. Con su novela publicada en 1940, Bioy Casares trajo luz a las preocupaciones sobre la privacidad y la tecnología. “Mi abuso consiste en haberlos fotografiado sin autorización. Es claro que no es una fotografía ordinaria; es mi último invento. Nosotros viviremos en esa fotografía, para siempre.” dijo Morel a sus amigos. Máquinas e imágenes perpetúan los personajes, pero no el amor. El narrador observa que el plan de Morel es desesperado: ‘‘Pero aun entonces la imagen no estará viva ''.  El amor  aspira a más que a las frías imágenes virtuales generadas por la tecnología. La calidez de la interacción humana no es parte de la realidad virtual. En el mundo de las imágenes vistas por el narrador, no hay interactividad, es una relación de una única vía. Y el narrador sueña con formas más ricas de interacción: “Sin conceder nada a mi debilidad puedo imaginar la llegada emocionante a casa de Faustine, el interés que tendrá por mis relatos, la amistad que estas circunstancias ayudarán a establecer.” La búsqueda de la eternidad con su amor hace que el narrador trate desesperadamente de entrar en el mundo virtual: ".... entré en ese mundo; ya no puede suprimirse la imagen de Faustine sin que la mía desaparezca... Cambié los discos; las máquinas proyectarán la nueva semana, eternamente. En su novela, Bioy Casares saca a la luz preguntas sutiles asociadas a los conceptos de copia e imagen, que son fundamentales para el mundo digital. Como el narrador camina por el pasillo y ve a un fantasma del libro de Belidor, piensa: ‘‘... saqué el libro; los comparé: no eran dos ejemplares del mismo libro, sino dos veces el mismo ejemplar”. Bioy  desarrolla más la idea de diferentes tipos de copias, partiendo de imágenes puras a copias inteligentes con programas. ''  Y algún día habrá una máquina más completa. Lo pensado y lo sentido en la vida —o en los ratos de exposición— será como un alfabeto, con el cual la imagen seguirá comprendiendo todo (como nosotros, que con las letras de un alfabeto podemos entender y componer todas las palabras)”. El narrador todavía tiene una advertencia: ‘‘Pero aun entonces la imagen no estará viva; objetos esencialmente nuevos no existirán para ella. ''    El narrador también se da cuenta de que la participación en el mundo virtual no es suficiente para él:   “Aún veo mi imagen en compañía de Faustine. Olvido que es una intrusa; un espectador no prevenido podría creerlas igualmente enamoradas y pendientes una de otra." Los sentimientos y las relaciones humanas están fuertemente marcados por la memoria y el tiempo. La eternidad de las copias perfectas de los seres humanos sigue siendo algo misterioso, no entendida aún por nosotros. Bioy Casares anticipó detalles y dilemas de una nueva era gobernada por la tecnología, donde las máquinas y los seres humanos se mueven hacia una unión simbiótica. Las consecuencias de este enfoque son todavía inciertas. Un misterio para el que el autor dejó algunas pistas. Al final, el narrador enamorado, ahora también imagen, hace una última petición: “Al hombre que, basándose en este informe, invente una máquina capaz de reunir las presencias disgregadas, haré una súplica: Búsquenos a Faustine y a mí, hágame entrar en el cielo de la conciencia de Faustine. Será un acto piadoso”.  Aunque las implicaciones morales y emocionales de la historia de Bioy-Casares son  de inmediata aplicación a la realidad virtual, vale la pena apuntar que los sitios de redes sociales suscitan  las mismas preocupaciones, la presentación de una realidad emocional separada de la dimensionalidad completa de la interacción humana.   Referencias [1] Casares  A. B. The Invention of Morel,  Editorial NORMA, 2008 [2] Borges J. L.   Obras Completas Ediccion Critica, Editorial EMECE, 2008 . [3] Bell  G. and  Gray J.  Digital immortality,  Commun. of ACM 44, 3 (Mar. 2001), 28-31 [4] Bloch W. The Unimaginable Mathematics of Borges’ Library of Babel, Oxford University Press, 2008   Sobre el autor: Virgilio Almeida es profesor de Ciencias de la Computación en la Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil. Ocupó cargos como profesor visitante en la Universidad de Boston y la Universidad Politécnica de Catalunya, en Barcelona visitando los laboratorios en Xerox PARC y Hewlett-Packard Research Laboratory. Sus intereses de investigación incluyen modelos para analizar el comportamiento de los sistemas distribuidos en gran escala. Virgilio es beneficiario de una  ``Fulbright Research Scholar Award’’ y miembro de la Academia Brasileña de Ciencias. El profesor también fue miembro del Instituto Internacional de Santa Fe. Es miembro del consejo editorial de los periódicos Internet Computing  y First Monday. Es autor de más de 100 artículos técnicos y coautor  de cuatro libros, incluyendo la capacidad de planificación para los servicios Web: Métricas, modelos y métodos, publicado por Prentice Hall y traducido a tres idiomas.   Artículo publicado en ingles en: Almeida, Virgilio. 2009.  In search of models and visions for the web age. interactions 16, 5 (Sep. 2009), 44-47. DOI= http://doi.acm.org/10.1145/1572626.1572635
Lunes, 08 de Marzo de 2010 | Imprimir | PDF |  Correo electrónico

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